Seguidores

domingo, 2 de septiembre de 2012

Soñar el ginkgo

Que pasa cuando una decide retomar su vida, y dejar de ser solamente la mamá de, la mujer de, la empleada de...
No siempre es fácil, es más, creo que nunca es fácil, porque sin quererlo todos esos "de" que nos rodean, nos reclaman constantemente, inevitablemente y no siempre podemos negarnos, y no siempre queremos negarnos. 
Dificil elejir entre las ganas de apartarse, ya sea para leer, escribir, escuchar música, o simplemente para pintarnos las uñas prolijamente, y el placer de jugar con tus hijos, charlar con tu marido, o simplemente ayudarlos en lo que necesiten.
Pero hay que encontrar la forma, los tiempos, y volviendo al título de este blog, quitarle horas al sueño para poder satisfacer todos los distintos roles que llevamos adelante.
Y a veces esto tampoco es suficiente, porque podemos leer, escribir, escuchar música y pintarnos las uñas dentro de la comodidad de nuestro desordenado y apacible, o no tanto, hogar. No, a veces necesito salir, tomar un café, sentada sola mirando a la gente que va y viene, que pasea, que compra, que vive vidas que nunca conoceremos. Salir a caminar, correr, pasear. Salir a buscar cosas y lugares que no necesitamos, pero que nos encantaría poder tener.
Hay una casa, a pocas cuadras de la mía, que me tiene hipnotizada, no es ni muy grande, ni muy nueva, y tampoco está en perfecto estado, pero tiene algo que la hace única ante mis ojos. Delante de la puerta, en un jardincito minúsculo, tiene un árbol hermoso, que con sus hojas amarillas se me hace las veces de la casa de un cuento de hadas. Mil veces me imaginé tocando timbre y diciéndole a sus dueños: hola, vengo a comprarles la casa. Como si fuera algo tan simple, o si tuviese la remota posibilidad tanto de hacerlo a nivel económico, como el coraje para tocar timbre y tirar semejante baldazo de agua fría a quien abre la puerta. Esa casita, con ese ginkgo majestuoso, es la casa de mis sueños, no se cuantas habitaciones tiene, ni si la cocina es como me gustan a mi. Pero si algún día tengo la posibilidad de comprarme mi casa, seguramente no sea esa. Esa es la casa de mis sueños, y algún día, voy a comprar la casa con la que sueñe toda mi familia. Porque hoy mi vida es otra. Hoy soy yo, mas otros tres, que me completan, me alegran y me complican la vida. La casa con el ginkgo es la casa de mis sueños, pero mi casa soñada, estará donde estén ellos.
Por eso cuando salgo, cuando me escapo un rato de la madresposa que soy, paso por esa casa y la miro, con una sonrisa en el corazón, y vuelvo, contenta, a mi casita llena de juguetes, herramientas, ropa para lavar y planchar, porque cuando necesito evadirme, simplemente tengo pedirlo, y tengo tres personas que me dejan ser, me dejan leer, escuchar música, escribir, o simplemente pintarme prolijamente las uñas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario