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sábado, 18 de agosto de 2012

Ato no tá

Cuanto tiempo tiene que pasar para dar por desaparecido a un gato... Para una persona son 24hs. Un perro que en un par de horas no vuelve a rascar la puerta ya se puede dar por extraviado. Pero un gato??? Es cierto que los gatos son más independientes, pero la vida de mi gatito paso por muchos cambios... pobrecito, tal vez lo hubiese tenido que llevar a terapia para que pueda sobrellevar los vaivenes de pasar de ser el gato de una cuasi solterona a ser la mascota de la familia. Unos seis años atrás, un día lo encontre escondido en la entrada del edificio en el que vivía solita con mi alma. Era chiquito, muy chiquito y arisco, muy arisco, pero no hay animal que se resista al danonino. Durante dos o tres días me pase la tarde sentada en un cordoncito dejando que el animalito se alimentara tranquilamente, le llevé agua, e incluso un poco de atún, creo que con eso terminé por ganarme su confianza. Finalmente accedió a dejarse agarrar y lo llevé conmigo al departamento. Acto seguido desalojé un par de botas de su caja, le metí una manta vieja y voilá, el felino ya tenía su cama de dos plazas. La primera noche, durmió en su cajita, muy enroscado, como si quisiera meterse dentro de sí mismo. Le siguió una tarde tranquila, con algunos juegos improvisados, y mas alimentos hipercalóricos. La segunda noche, volvió a dormir en su cajita, pero ya mas relajado, cuasi despatarrado, y a esa noche le siguio otra tarde de atención especial. Cuando llegó la hora de acostarse, después de haberse pasado gran parte del tiempo en mi falda, se ve que la cajita le pareció de pronto fría e impersonal, y de un ágil salto se acomodó a los pies de la cama. Como era de esperar, con el correr de los días y las noches terminó durmiendo en la almohada sin dueño al lado de la mía. Un día, a mi se me ocurrió empezar una relación con un muchacho al que no le gustaban mucho los gatos, asi que de golpe pobrecito comenzó a dormir solo en la cama que compartíamos y yo me iba de inquilina nocturna al hogar de mi festejante. No pasó mucho tiempo y el festejante se transformó rápidamente en mi pareja formal, si bien ya había comenzado un éxodo de mis pertenencias desde mi departamento al departamento de él, el concubinato quedó oficializado el día que metí a mi gatito en una caja de viaje y lo llevé a vivir conmigo y mi +1. Al principio +1 accedió a compartir la habitación, pero luego de repetidos accesos de tos, y de un análisis de laboratorio que declaraba claramente una incipiente alergia, mi pobre gatito se vio con la entrada vedada a la habitación, pero bueno, es cierto que la alfombra y los pelos del gato no suelen hacer buenas asociaciones. Asi que el gato comenzó a dormir de nuevo en su cajita, debajo de un escritorio y cerca de la estufa, si, era un gato friolento. Por suerte llegó el calorcito, y el sol calentaba por horas el balcón y alli lo podías encontrar todas las tardes, recostado en el piso o cual gárgola parado sobre la baranda de ladrillos. Pero cuando el pobre animalito menos se lo esperaba llegó el primer retoñó de la feliz pareja, y dada la alergia del padre, el médico recomendó que el gato fuera recluido en la cocina y el balcón. Así que mudó su cajita al lado del lavarropas. Pero eso también le duró poco, ya que en pleno verano, llegó el tiempo de mudarse a una casa más grande, con patio, medianeras, techos y mil lugares por explorar. Los primeros días el pobre minino estaba medio desconcertado, pero el instinto es el instinto y cuando me di vuelta ya andaba saltando a la medianera, y de allí al techo, y al infinito y más alla. Allí desplegó toda la gloria de su pelaje dorado, largo y brillante, y la mirada orgullosa de sus ojos verdes, que me miraban desde lo alto de la pared como diciendo: ya no soy tu mascotita... ahora soy un gato aventurero. Cuatro años pasaron así, él en su reino en las alturas, y el primero de los +2 jugándo con el desde la ventana. Luego llegó la segunda de los +2 y ya no tuve tanto tiempo para salir al patio con él y mimosearlo y franelearlo como antes. Aunque con la comida de la noche siempre recibía sus caricias. Pero una noche, cuando salí a ponerle su comida y el último granito de alimento cayó al bowl antes que él ya estuviese al pie del cañon para empezar a comer. Volví a entrar, pensando que tal vez estaría un poco más lejos. Pero esa noche no bajó, y la siguiente tampoco, y tampoco la que le siguió a esa. Ya pasó más de un mes, y el bowl sigue en el patio, vacio. Y todas las noches salgo a llamarlo, esperando escuchar sus patas contra la chapa del techo de la cabina y su saludo desde las alturas. Pero esa noche todavía no llegó. Por eso pregunto, cuanto tiempo hay que esperar para dar por desaparecido a un gato. No creo que me tomen la denuncia en la comisaría, o tal vez me responden que hizo abandono voluntario del hogar. Sea como sea, mi gatito no está. Y mi hijo también lo llama conmigo, desde su ventana, todas las noches, y me mira con sus ojitos enormes y me dice: no tá mamá, ato no ta. @elmundodeanna

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